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EFECTOS SOBRE LA SALUD DE ALIMENTOS LÁCTEOS ENRIQUECIDOS CON ÁCIDO OLEICO Y ÁCIDOS GRASOS OMEGA-3 DE CADENA LARGA (EPA Y DHA) (PARTE I)

La sustitución de la grasa saturada de la dieta por el ácido oleico y/o los ácidos grasos poliinsaturados ha demostrado ser capaz de reducir el riesgo cardiovascular mediante la reducción de lípidos sanguíneos, principalmente el colesterol.

     

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Revisión de estudios clínicos y nutricionales

Resumen.
1. Introducción.
2. Efectos sobre la salud del ácido oleico, EPA y DHA.
3. Ingestas actuales y recomendaciones de ingesta de ácido oleico, EPA y DHA.
4. Resumen de los estudios de intervención.
4.1. Un estudio realizado en niños.
4.2. Estudios con voluntarios sanos y pacientes hiperlipémicos.
4.3. Estudios realizados con pacientes: enfermedad cardiovascular y síndrome metabólico.
5. La dosis diaria de ácidos oleico, EPA y DHA en el contexto de la dieta.
6. Biodisponibilidad de EPA y DHA.
7. La magnitud del efecto.
8. Conclusiones finales.

RESUMEN.

La sustitución de la grasa saturada de la dieta por el ácido oleico y/o los ácidos grasos poliinsaturados (AGPI) ha demostrado ser capaz de reducir el riesgo cardiovascular mediante la reducción de lípidos sanguíneos, principalmente el colesterol. Asimismo, se han descrito beneficios adicionales para los ácidos grasos de cadena larga (AGCL) omega-3, concretamente los ácidos eicosapentaenoico (EPA) y docosahexaenoico (DHA) de los aceites de pescado. En los últimos años, se ha venido utilizando la tecnología alimentaria para producir bebidas lácteas con un contenido reducido de grasas saturadas en favor de estos ácidos grasos, bebidas que describen beneficios cardiovasculares producidos por su consumo. Esta revisión resume toda la evidencia científica relacionada con los efectos de las leches enriquecidas con ácido oleico y EPA + DHA en la salud cardiovascular. Nueve estudios de intervención controlados, llevados a cabo con leches enriquecidas, han descrito efectos en voluntarios sanos, pacientes con factores de riesgo cardiovascular y pacientes con enfermedad cardiovascular. Los principales efectos observados fueron reducciones de lípidos sanguíneos, principalmente colesterol, LDL-colesterol y triglicéridos.

1. INTRODUCCIÓN.

En la última década hemos sido testigos de un extraordinario aumento en el número de alimentos funcionales dirigidos a una población cada vez más concienciada de la importancia de la dieta en el mantenimiento la salud. Estos alimentos pueden clasificarse en distintas categorías dependiendo de su funcionalidad, como es el caso de la salud cardiovascular. Los alimentos funcionales, cuando se consumen con regularidad y en el contexto de una dieta y estilo de vida saludables, persiguen mantener o mejorar la salud cardiovascular mediante la reducción de factores de riesgo de la enfermedad cardiovascular, como es el caso del colesterol total, el LDL-colesterol, los triglicéridos, la presión arterial y el incremento de HDL-colesterol, entre otros.

La leche y los productos lácteos son alimentos que se consumen todos los días y constituyen una excelente fuente de calcio biodisponible. Sin embargo, aunque la leche y los lácteos en general son percibidos como alimentos saludables, la grasa de la leche contiene aproximadamente un 70% de ácidos grasos saturados (AGS). Estos ácidos grasos (principalmente los ácidos mirístico y palmítico) son proaterogénicos y pueden aumentar el colesterol total y el LDL-colesterol, aumentando el riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV). Por ello, el consumo de grasa láctea debe de ser limitado [1].

Ya que la sustitución de los ácidos grasos saturados (AGS) por ácidos grasos poliinsaturados (AGPI) o por ácido oleico (ácido graso principal del aceite de oliva) ha resultado ser efectiva en lo referente a la prevención de la enfermedad coronaria (EC) [2], un gran número de empresas lacteas han venido usando tecnología alimentaria para sustituir la grasa láctea por AGPI, ácido oleico, o combinaciones de ambos para producir así lácteos más “saludables”. Aunque esta sustitución debería producir efectos nutricionales beneficiosos derivados de la reducción de la ingesta de grasa saturada, a muchos de estos lácteos se les atribuyen propiedades beneficiosas en lo referente a efectos sobre lípidos sanguíneos, como es el caso de la reducción favorable de colesterol total, reducción de LDL-colesterol, disminución de los niveles de triglicéridos o incrementos beneficiosos del HDL colesterol.

En este capítulo se resumen todas la evidencias científicas disponibles relacionadas con los efectos de los lácteos enriquecidos con ácidos grasos de cadena larga (AGCL) omega 3 (EPA y DHA) y/o ácido oleico en la salud cardiovascular. Al final se incluye un apartado de discusión y algunas conclusiones finales.

2. EFECTOS SOBRE LA SALUD DEL ÁCIDO OLEICO, EPA Y DHA.

Existe una amplia evidencia científica que muestra que la modulación de la composición grasa de la dieta afecta a las concentraciones de lípidos de la sangre. En lo referente al ácido oleico, o ácidos grasos monoinsaturados (AGMI), los efectos más significativos proceden de estudios en los que se han ensayado los efectos de la sustitución de la grasa saturada por ácido oleico. Así, se ha estimado que la sustitución isocalórica de alrededor de 5% de la energía procedente de ácidos grasos saturados por el ácido oleico (o los AGPI) puede reducir el riesgo de enfermedad coronaria en un 20-40%, principalmente a través de la reducción de LDL-colesterol [3].

Otros efectos beneficiosos sobre factores de riesgo de ECV también descritos son los relacionados con la reducción de la trombogénesis, la reducción de la susceptibilidad de las lipoproteínas LDL a la oxidación in vitro y la mejora de la sensibilidad a la insulina [3-6]. Ya que la ingesta de grasas saturadas en muchos países es más elevada que los niveles recomendados [7], un aumento en la ingesta de oleico puede ser beneficiosa al limitar el consumo de grasa saturada. Esto puede lograrse mediante cambios en los patrones dietéticos, como sería el uso de aceite de oliva en lugar de mantequilla, o mediante el uso de tecnología alimentaria para modificar el perfil de ácidos grasos de los alimentos naturalmente ricos en ácidos grasos saturados, en favor del ácido oleico.

Los AGCL omega 3 más importantes son los EPA y DHA presentes en los productos marinos. Los beneficios derivados de estos ácidos grasos se basan en la convincente relación inversa que existe entre su consumo y un menor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, especialmente la enfermedad coronaria [2]. Los efectos biológicos de EPA y DHA son de amplio espectro y afectan a las lipoproteínas, la presión arterial, la función cardíaca, la función endotelial, la reactividad vascular, la electrofisiología cardíaca, además de ser potentes antiagregantes plaquetarios y poseer efectos anti-inflamatorios [8-10]. Estos efectos dependen de la dosis ingerida, la duración de su consumo y las características basales de los sujetos. Además, los EPA y DHA específicamente reducen los niveles plasmáticos de triglicéridos y por lo tanto el riesgo de enfermedad cardiovascular [11].

3. INGESTAS ACTUALES Y RECOMENDACIONES DE INGESTA DE ÁCIDO OLEICO, EPA Y DHA.

Los datos actuales de ingesta de EPA+DHA están basadas en datos de consumo de alimentos y análisis de la composición de alimentos y dietas. Lamentablemente, debido a la falta de datos fiables sobre encuestas alimentarias en muchos países europeos, las estimaciones de la ingesta de EPA + DHA son más bien escasas. En informes recientes sobre la ingesta dietética media de estos ácidos grasos se han descrito valores de ingesta diaria de 265 mg en Austria, 380 mg en Francia, 250 mg en Alemania y 90 mg en los Países Bajos [12]. Estas cifras son elevadas en comparación con la ingesta de EPA + DHA calculada en los EE.UU, (100-200 mg/día), pero reducidas en comparación con los valores descritos por ejemplo en Japón (hasta 2 g/día), donde el consumo de pescado es muy elevado [13] .

Las recomendaciones de ingesta de EPA + DHA por parte de autoridades nacionales e internacionales oscilan entre los entre 200 mg-650 mg por día y están basadas en la demostrada reducción del riesgo de enfermedad cardiovascular que produce su consumo regular [2,14]. Sin embargo, las recomendaciones de ingesta establecidas por las autoridades nacionales e internacionales para la población general son algo heterogéneas y reflejan los diferentes criterios en los que se basan. A continuación se muestra una selección de estas recomendaciones:

- La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su informe experto sobre dieta, nutrición y prevención de enfermedades crónicas, recomendaba para la población en general el consumo de 1 a 2 raciones de pescado a la semana, que implicase una ingesta de EPA+DHA de entre 200 a 500 mg, para protegerse frente a la enfermedad coronaria y el accidente cerebrovascular [2]. Recientemente, la OMS ha establecido recomendaciones de 250 mg/día de EPA+DHA para adultos y de 300 mg/día para mujeres embarazadas o lactantes (de los cuales 200 mg han de proceder del DHA) [51]. La OMS también indica que las personas que son vegetarianas y no consumen pescado deberían de realizar una ingesta adecuada de ácido alfa-linolénico (omega 3 de cadena corta) a partir de las fuentes vegetales correspondientes (aceites de semillas como el lino o la colza) ya que una fracción éste ácido graso puede convertirse a EPA ( del 0.5 a 20% dependiendo de varios factores) [15,16 ].

-La Asociación Americana del Corazón (“American Heart Associacion”-AHA), recomienda también para la población en general el consumo de pescado, especialmente pescado azul (graso), por lo menos dos veces por semana [11]. Estimaciones basadas en el consumo de una porción (125 g) de pescado azul (2 g de EPA+DHA por 100 g en promedio) y una porción de pescado blanco (0,2 g/100 g) originan una ingesta aproximada de 3 g de EPA + DHA por semana o 430 mg por día. La AHA también estableció recomendaciones de ingesta de 1 g de EPA+ DHA a partir del pescado o los aceites de pescado (como suplemento) para los sujetos con historia clínica de la enfermedad cardiovascular y un suplemento de 2 a 4 g para los sujetos con triglicéridos elevados en sangre, que normalmente produce reducciones del 20-40% en unas semanas [17].

- La Agencia de Normas Alimentarias (“Foods Standards Agency”) del Reino Unido, basándose en el trabajo previo del comité experto “Joint Health Claims Iniciative” (http://www.jhci.org.uk/approv/omega.htm) también estableció ingestas diarias recomendadas de EPA+DHA de 3 g por semana o 450 mg por día [18].

- La autoridad francesa de seguridad alimentaria también estableció recomendaciones de ingesta de EPA+DHA para adultos hombres (500 mg/día) y mujeres (400 mg/día) [19], mientras que los Países Bajos propusieron 450 mg por día [20].

- Por su parte, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha revisado recientemente y propuesto unos valores de ingesta de referencia de 250 mg por día de EPA+DHA [12]. Estos valores representan la intención de la Unión Europea de establecer una ingesta diaria recomendada (IDR) de EPA+DHA para adultos en el futuro (en la actualidad los valores de IDR en Europa no están armonizados entre los países). Curiosamente, a pesar de que las IDR que se utilizan actualmente en Europa están muy por encima de este valor (400-450 mg/día), la EFSA afirma que las evidencias científicas más recientes muestran que, cuando sólo se consideran sujetos sanos, la ingesta de EPA+DHA se correlaciona negativamente con el riesgo CV de forma dosis dependiente hasta los 250 mg/día (1-2 porciones de pescado graso a la semana) [12]. Estas recomendaciones de ingesta de 250 mg/día deberían en el futuro extenderse a todos los países europeos.

Respecto al ácido oleico, este es cuantitativamente el representante más importante de los AGMI de la dieta, de tal forma que las recomendaciones de ingesta de ácido oleico y de AGMI son idénticas en la práctica. Según el estudio de TRANSFAIR y encuestas nacionales recientes, el consumo total de ácido oleico en los adultos varía entre el 12 y el 18% de la energía (% E), siendo para la mayoría de los países en torno al 10-12% E [7]. Las ingestas son más elevadas en los países del sur de Europa (hasta 29%) como Grecia, Italia o España [3], donde la principal fuente de ácido oleico es el aceite de oliva, y son más reducidas en los países occidentales y del norte, donde la ingesta principal de ácido oleico proviene de la carne y los productos cárnicos.

Las recomendaciones de ingesta de ácido oleico se basan en las recomendaciones para la ingesta de grasa total (alrededor del 30% de la energía total), de ingesta máxima de AGS (<10% de la E), y de la ingesta mínima y máxima recomendada de AGPI (6-10% de la E) [2, 14]. En consecuencia, la ingesta dietética de ácido oleico debería encontrarse en el intervalo del 10-15% de la E. Si tenemos en cuenta que el consumo promedio de grasa en la población europea es de aproximadamente el 35% de la E total, la mayoría de países se encuentran en el límite bajo de ingesta (con la excepción del sur de Europa) y, probablemente, deberían aumentar el consumo de alimentos ricos en ácido oleico como el aceite de oliva.

4. RESUMEN DE LOS ESTUDIOS DE INTERVENCIÓN.

Para la identificación de los estudios, se realizaron búsquedas en PubMed. La cadena de búsqueda consistió en combinaciones de los siguientes términos: "long chain omega 3 polyunsaturated fatty acids, docosahexaenoic acid, eicosapentaenoic acid, omega-3 fatty acids, n-3 fatty acids, monounsaturated fatty acids, oleic acid, cholesterol, LDL-cholesterol, triglycerides, tricilglycerols, fortified milk, enriched milk, enriched dairy, fortified food, enriched food, enriched dairy”. Adicionalmente se llevaron a cabo búsquedas con los nombres de investigadores que habían publicado en esta área de investigación.

Se encontraron un total de 9 estudios de intervención que mostraban efectos cardiovasculares de lácteos enriquecidos con EPA+DHA y/o ácido oleico. De entre ellos, siete estudios se llevaron a cabo con sujetos sanos o grupos de voluntarios con factores de riesgo CV elevados o moderadamente elevados. Dos estudios se realizaron con pacientes que sufrían de ECV. En todos los estudios, la grasa de la leche se sustituyó por AGPI omega-3 EPA y DHA procedentes de aceites refinados de pescado, con o sin adición de otros aceites vegetales (principalmente aceite de oliva y aceite de girasol alto oleico). Los diseños de los estudios, los grupos de intervención, la ingesta diaria de nutrientes realizada a partir de las bebidas lácteas utilizadas y la duración de las intervenciones se resumen en la Tabla 1 y se describen a continuación.

4.1. Un estudio realizado en niños.

El primer estudio que investigó los efectos en los lípidos sanguíneos de una leche líquida con un perfil de ácidos grasos modificada fue un ensayo controlado aleatorizado (ECA) y cruzado que comparó el consumo de leche entera con un preparado de leche enriquecida con ácido oleico y AGPI procedentes de una mezcla de aceites vegetales (60% de oliva, 20% cacahuete y 20% de girasol) [21]. La ingesta durante siete meses de 500 ml/día de la bebida láctea enriquecida, que contenía una cuarta parte de los AGS de la leche estándar, produjo reducciones de lípidos deseables, concretamente un -7,2% en el colesterol total, -13,2% en los triglicéridos (TG) y - 9,5% en el colesterol LDL. Los autores concluyeron que “la sustitución de la leche entera por el preparado lácteo del estudio puede resultar beneficiosa para reducir los niveles séricos de colesterol total y colesterol-LDL, sin reducir la ingesta calórica”.

4.2. Estudios con voluntarios sanos y pacientes hiperlipémicos.

El primer estudio que mostraba efectos de un producto lácteo enriquecido con EPA y DHA procedente de aceite de pescado fue publicado por Visioli y colaboradores [22]. En este estudio, 8 sujetos sanos jóvenes consumieron en primer lugar 500 mL/día de leche semidesnatada de vaca durante 4 semanas y luego la sustituyeron por una ingesta de 500 ml/día de la leche enriquecida, que fue consumida durante 6 semanas más. La leche enriquecida contenía un total de 400 mg de ácidos grasos omega-3 (300 mg de EPA + DHA), vitamina E (15 mg) y una cantidad de grasa de 1,7 g/100 ml, equivalente en contenido de grasa total a la leche semidesnatada control. Aunque las cantidades de omega 3 adicionadas a la leche enriquecida eran relativamente bajas, el consumo durante 6 semanas dio lugar a incrementos de EPA (> 40%) y DHA (> 30%). Además, la concentración de TG sanguíneos se redujo un 19%, el colesterol HDL aumentó un 19%, la concentración plasmática de vitamina E incrementó un 21% y la susceptibilidad del plasma a la oxidación no experimentó cambios significativos a pesar de que la grasa poliinsaturada adicionada es teóricamente más susceptible de ser oxidada. Finalmente, se encontró una correlación negativa entre la concentración plasmática de EPA y de DHA y los niveles de TG, así como una correlación positiva entre el HDL-C y los niveles de DHA del plasma, lo que mostraba la importancia del DHA y EPA plasmático para el control de los lípidos de la sangre.

Dos estudios controlados no aleatorizados llevados a cabo poco después compararon los efectos de la ingesta de leche semidesnatada con los de una leche desnatada enriquecida con una mezcla de aceite de pescado refinado, aceite de oliva y de aceite de girasol alto oleico (>80% en oleico). El producto final enriquecido contenía igual cantidad de grasa que la leche semidesnatada estándar (1,9 g grasa láctea/100 ml) pero con un perfil de ácidos grasos diferente: un 66% menos de grasa saturada, el doble de la cantidad de ácido oleico, y una cantidad 8 veces mayor de AGPI, entre ellos 60 mg/100 ml de EPA + DHA, que no están presentes en la leche de vaca. La bebida láctea también se adicionó de vitaminas A, ácido D, E, B6 y ácido fólico (Puleva Omega 3®).

En el primer estudio [23], se incluyeron sujetos sanos de edades comprendidas entre 25 y 45 años (n = 30). Los voluntarios consumieron primero 500 ml/día de la leche semidesnatada estándar durante 4 semanas. A continuación, esta leche fue sustituida por la bebida láctea enriquecida descrita anteriormente, que fue consumida en la misma cantidad durante 8 semanas más. Las cantidades de EPA + DHA adicionadas a la leche enriquecida originaron incrementos significativos en plasma de EPA (48%) y DHA (50%) al final del estudio. La concentración en sangre de LDL-colesterol disminuyó significativamente en un 20% y el colesterol total en un 7%, mientras que los niveles de triglicéridos y HDL-colesterol no se modificaron. La ausencia de efecto en los niveles plasmáticos de TG fue inesperada, aunque los valores promedio de TG de los participantes al inicio del estudio se encontraban dentro del intervalo de la normalidad. La bebida láctea enriquecida del estudio también redujo los niveles plasmáticos de homocisteína total, otro factor riesgo independiente de ECV, que puede ser reducido con la ingesta de vitaminas B6, B12 y ácido fólico (presentes en la leche enriquecida). También se detectó una reducción en los niveles plasmáticos de la forma soluble de VCAM-1 (“vascular cell adhesión molecule-1”), que juega un papel importante en las primeras etapas de la aterosclerosis.

En el segundo estudio [24], se incluyeron sujetos de edades comprendidas entre 45 y 65 años (n = 30) con hiperlipidemia moderada, pero sin factores de riesgo adicionales, para investigar los efectos de la bebida láctea enriquecida en el contexto de lípidos basales elevados.

Utilizando el mismo diseño de estudio, el consumo de la leche enriquecida también aumentó las concentraciones plasmáticas de EPA en un 33% y DHA en un 20% y se observaron reducciones de colesterol total (9%), LDL-colesterol (13%), TG (24%), homocisteína total (20%) y VCAM-1. El efecto de reducción de lípidos se realizó paulatinamente hasta alcanzar valores dentro de la normalidad al final del periodo de 8 semanas del estudio, si bien la reducción fue más pronunciada durante las primeras 4 semanas, sugiriendo que el efecto del lácteo enriquecido fue más pronunciado en el contexto de lípidos sanguíneos elevados.Efectos reductores de TG similares también se han descrito como resultado de la administración diaria durante un período de 5 semanas de cantidades farmacológicas de EPA+DHA (4.5 g administrados en cápsulas) [25], mostrando que el vehículo de la administración (la leche) también juega un papel en los efectos producidos (véase más adelante). Por otra parte, un meta-análisis de 36 ECA cruzados usando una ingesta promedio de 3.4 g de EPA+DHA durante más de 2 semanas mostró como efecto más destacado la reducción de TG, cuando los valores de basales de TG de los sujetos eran moderadamente elevados y estaban por encima de 2.0 mmol/L (> 177 mg/ dL) [26].

Recientemente, los efectos de la misma bebida láctea enriquecida se han descrito en un ECA de 297 sujetos (25-65 años de edad) con riesgo moderado de ECV que consumieron 500 ml/día de la leche enriquecida con EPA+DHA y oleico durante 1 año [27]. Los sujetos fueron distribuídos al azar en tres grupos: 1) leche desnatada (0,3 g de grasa total/100 ml), 2) leche semidesnatada (2,2 g/100 ml), y 3) bebida láctea enriquecida (2,2 g/100 ml ). En este estudio, la inclusión de un grupo de leche desnatada fue interesante ya que las recomendaciones médicas y dietéticas de ingesta de lácteos a personas con lípidos elevados o moderadamente elevados aconsejan el consumo de leche y lácteos desnatados. Además, los resultados de este grupo de intervención de leche desnatada ayudó a diferenciar los efectos de la grasa presente en los otros tipos de leche (láctea o combinación de EPA+DHA y oleico).

El consumo de la leche enriquecida durante un año produjo un aumento significativo de HDL-colesterol en suero (4%). Asimismo de detectaron reducciones de TG (-10%), colesterol total (-4%), y colesterol LDL (-6%) en el grupo de leche enriquecida con EPA+DHA y oleico, mientras que no se detectaron cambios en los grupos de leche desnatada o semidesnatada. Estos resultados merecen ser investigados con mayor profundidad ya que muestran un mayor beneficio de los ácidos grasos EPA+DHA y ácido oleico administrados en los productos lácteos en comparación con los lácteos bajos en grasa o desnatados que son los que habitualmente se recomiendan.

Castro y colaboradores [28] publicaron un ensayo clínico de 6 semanas de duración con 70 sujetos sanos donde se compararon los efectos en lípidos sanguíneos producidos por el consumo de cuatro bebidas lácteas enriquecidas con 1) maltodextrina y aceite de soja (control), 2) EPA + DHA, 3) fibra (goma guar y harina de avena conteniendo beta glucano), y 4) EPA + DHA, más la fibra anterior. Todas las bebidas contenían cantidades equivalentes de grasa total. Cuando se compararon los grupos del estudio, los resultados no mostraron efectos significativos de las bebidas lácteas en los lípidos sanguíneos. El único efecto que se describió fue un aumento de TG en el grupo placebo y en el grupo enriquecido con EPA+DHA. Esto no fue una sorpresa ya que un análisis detallado de la población del estudio, la aleatorización de los sujetos, la bebida placebo y el control de la dieta mostraron numerosos elementos de confusión, así como un diseño de estudio claramente equivocado. En primer lugar, antes de la intervención, los autores clasificaron a los 70 sujetos participantes en tres grupos. I: jóvenes, con lípidos en sangre normales/de bajo riesgo, II: de mediana edad/riesgo moderado y, III: de mayor edad, con niveles elevados de lípidos/ de alto riesgo. De estos grupos, los voluntarios fueron asignados al azar a los 4 grupos de estudio. Con este diseño, los grupos obtenidos fueron muy heterogéneos ya que incluyeron voluntarios de 16 a 69 años de edad en el mismo grupo, mezclando sujetos con lípidos sanguíneos basales altos y bajos, lo cual hace enormemente difícil detectar cambios significativos, como muestran por ejemplo los valores elevadísimos de desviación estándar de los TG en el grupo EPA+DHA (inicio del estudio 102,3 ± 69,3, después de 6 semanas 155,6 ± 141,2). Empleando este diseño, incluso las bebidas enriquecidas con fibra y betaglucano (cuyo efecto hipocolesteremiante ha sido demostrado) no mostraron efectos sobre colesterol y LDL-colesterol, de hecho, se observaron tendencias al incremento de sus valores al final del estudio. Por último, es difícil explicar por qué en el contexto de un aumento de la ingesta de omega 3 producido por el consumo de las bebidas enriquecidas con EPA+DHA y fibra+EPA+DHA, el ácido linoleico en plasma (omega 6) aumentó significativamente (P = 0.009) en estos grupos al final del estudio. Dado que la ingesta de AGPI de las bebidas del estudio fue muy similar, podemos concluir que la ingesta diaria de nutrientes entre los grupos de estudio fue mal controlada. Este estudio se ha incluido en esta revisión ya que en él se describen efectos en lípidos de la sangre producidos por el consumo regular de una bebida láctea enriquecida con AGPI, EPA+DHA, pero el diseño equivocado utilizado por los autores, la composición de la bebida placebo y el mal control y seguimiento del estudio no nos permiten extraer ninguna conclusión.

Autor:
Dr. Eduardo López Huertas
Estación Experimental del Zaidín de Granada.
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)


Siguientes capítulos

Cap. 1
   EFECTOS SOBRE LA SALUD DE ALIMENTOS LÁCTEOS ENRIQUECIDOS CON ÁCIDO OLEICO Y ÁCIDOS GRASOS OMEGA-3 DE CADENA LARGA (EPA Y DHA) (PARTE I)
Cap. 2
   EFECTOS SOBRE LA SALUD DE ALIMENTOS LÁCTEOS ENRIQUECIDOS CON ÁCIDO OLEICO Y ÁCIDOS GRASOS OMEGA-3 DE CADENA LARGA (EPA Y DHA) (PARTE II)
 

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