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ALIMENTACIÓN EN LA ADOLESCENCIA

1. Introducción.
2. Adolescencia, etapa de vulnerabilidad nutricional.
3. Requerimientos nutricionales.
4. Problemas nutricionales en la adolescencia.
     4.1. Déficit de calcio.
     4.2. Déficit de hierro.
     4.3. Déficit de zinc.
     4.4. Déficit de vitaminas.
     4.5. Obesidad.
     4.6. Trastornos del comportamiento alimentario.
5. Alimentación en situaciones especiales.
     5.1. Comedores de centros docentes.
6. Medidas preventivas nutricionales.
7. Bibliografía.
   

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1. INTRODUCCIÓN.

La adolescencia se inicia con la pubertad, se acompaña de intensos cambios físicos, psicológicos, emocionales y sociales y termina sobre los veinte años, cuando cesa el crecimiento biológico y la maduración psicosocial. Durante este periodo aumentan mucho las necesidades nutricionales, produciendo importantes cambios alimentarios. Además, pueden aparecer diversas conductas y situaciones de riesgo.

La alimentación del adolescente debe favorecer un adecuado crecimiento y desarrollo y promover hábitos de vida saludables para prevenir los trastornos nutricionales. Esta etapa puede ser la última oportunidad de preparar nutricionalmente al joven para una vida adulta más sana.

2. ADOLESCENCIA, ETAPA DE VULNERABILIDAD NUTRICIONAL.

La adolescencia es una época de especial vulnerabilidad y riesgo, ya que se producen una serie de circunstancias que van a influir en los requerimientos y en el estado nutricional:

1. Aumento de los requerimientos nutricionales. Durante este periodo, el adolescente adquiere el 40-50% de su peso definitivo y el 25% de su talla adulta. También es en esta etapa de la vida cuando se desarrollan los caracteres sexuales secundarios, además de importantes cambios en la composición corporal. Aumenta un 50% su masa esquelética y casi se duplica la masa muscular, aunque es algo menor en las chicas. La cantidad y distribución de la grasa varía según el sexo; de esta forma, sobre los 20 años las chicas tienen el doble de tejido adiposo que los varones y 2/3 de su masa muscular. Igualmente se produce un aumento del volumen sanguíneo y de los órganos internos.

2. Adquisición de hábitos alimentarios peculiares debido a las características propias de su desarrollo, como son el sentimiento de independencia, la preocupación por el aspecto externo y las influencias culturales, de los amigos y de los medios de comunicación. Suelen ser habituales de los adolescentes los siguientes:

• Suprimir comidas, generalmente el desayuno o la comida. Algunos estudios han mostrado que entre el 30-50% de los adolescentes no desayunan o lo hacen de forma irregular e insuficiente, presentando dificultades en el aprendizaje y en el rendimiento escolar.

• Comer fuera de casa realizando comidas rápidas. Esto forma parte del estilo de vida adolescente y su repercusión sobre el estado nutritivo depende de la frecuencia de uso. En general estos alimentos tienen un aporte calórico elevado con exceso de grasa saturada, carbohidratos refinados, sodio y aporte escaso de fibra de vitaminas y minerales.

• Tomar “picoteos” entre comidas (galletas, dulces, helados, frutos secos, chocolates, etc.), que suelen tener bajo valor nutritivo y alto valor calórico, favoreciendo la obesidad, la caries y los malos hábitos dietéticos.

• Consumir dietas especiales: hipocalóricas, vegetarianas, macrobióticas, lo cual origina carencias de vitaminas y minerales si no se controlan adecuadamente.

• Disminuir el aporte de leche y aumentar las bebidas azucaradas (refrescos). Es importante tener en cuenta las propiedades carcinogénicas de algunos alimentos. Un alto consumo de proteínas origina derivados volátiles, nitrosaminas y sustancias que favorecen el crecimiento bacteriano. La ingesta de grandes cantidades de grasa tiene un efecto tóxico directo sobre la mucosa intestinal que, junto con la degradación bacteriana, promueven neoplasias.

Se ha encontrado relación entre consumo de grasa y el cáncer de mama, próstata, ovario, colon y recto.

3. Situaciones de riesgo nutricional:

• Incremento de la actividad física, que varía según el sexo y el momento en que se produce el estirón puberal. Por ello deben calcularse las necesidades nutricionales teniendo en cuenta no sólo la edad cronológica y el sexo, sino también la edad biológica y la actividad. Una actividad física intensa y sostenida puede modificar la composición corporal y producir en la mujer un retraso en la aparición de la menarquia o amenorrea, con afectación de la mineralización ósea.

• Patrón de maduración. Las mujeres con maduración temprana y los varones con desarrollo tardío tienen la autoestima más baja, mayor preocupación por su aspecto externo y un riesgo mayor de desarrollar conductas de riesgo y trastornos de la conducta alimentaria.

• En los últimos años se ha producido un importante aumento del consumo de tabaco, alcohol y otras drogas en la población juvenil. Los fumadores tienen aumentados los requerimientos de vitamina C a más del doble, así como de vitamina B, caroteno, vitamina E y ácido fólico. El alcohol afecta a la absorción de folatos, B12, tiamina, vitaminas A y C y aumenta la excreción urinaria de zinc, magnesio y calcio.

• El uso de anticonceptivos orales (ACO) y el consumo de drogas como el tabaco o el alcohol conducen a hiperlipemias. Los ACO producen además disminución de β-carotenos, ácido fólico, vitaminas B6, B12, zinc, calcio y magnesio.

• Consumo de anabolizantes (esteroides), asociado en ocasiones a la práctica de ejercicio físico. Ello puede alterar la función sexual y detener el crecimiento si la autoadministración sucede antes de alcanzar la madurez ósea.

• Consumo de un gran número de productos comerciales de escaso o nulo valor nutricional que según la publicidad les permite mejorar el rendimiento deportivo: carnitina, caseína, ginseng, lecitina, aminoácidos (sobre todo ramificados), aceite de germen de trigo, polen de abeja y fósforo, entre otros.

• El embarazo aumenta las necesidades energéticas, de vitaminas y minerales. El estado nutricional previo y durante el embarazo es un factor crítico y determinante de la salud materna y fetal. Aunque hay variaciones individuales, existe un crecimiento residual durante los dos años posteriores a la menarquia. Si el embarazo ocurre en este periodo los requerimientos nutricionales serán mayores al haber dos individuos en crecimiento.

Las demandas de las adolescentes que ya han madurado serán menores. Es necesario mejorar el estado nutricional antes y durante el embarazo de las adolescentes, además de intentar retrasar éste.

• La lactancia durante la adolescencia precisa de suplementos de macro y micronutrientes y en especial de calcio, si no puede haber una disminución importante de la densidad ósea en la joven.

• Otras situaciones a tener en cuenta: las enfermedades crónicas que pueden alterar los requerimientos y la pobreza e inmigración (los inmigrantes cuentan con una incidencia mayor de infecciones, parásitos y embarazos).

3. REQUERIMIENTOS NUTRICIONALES.

Durante la adolescencia se producen cambios importantes en la composición corporal acompañados por la aparición de los caracteres sexuales secundarios. En este periodo tiene lugar un ritmo de crecimiento elevado y fenómenos madurativos importantes que afectan al tamaño, la forma y la composición corporal, procesos en los que la nutrición juega un papel determinante. Estos cambios son específicos de cada sexo. En los chicos aumenta la masa magra más que en las chicas. Por el contrario, en las niñas se incrementan en mayor medida los depósitos grasos. Estas diferencias en la composición corporal van a tener una repercusión importante en las necesidades nutricionales. El principal objetivo de las recomendaciones nutricionales en este periodo de la vida es conseguir un estado nutricional óptimo y mantener un ritmo de crecimiento adecuado. Además, también se pretende proporcionar unos aportes nutricionales que contribuyan a un mejor estado de salud en esta etapa y en la edad adulta, es decir, aportes que contribuyan a la prevención de enfermedades crónicas que se manifestarán en etapas posteriores de la vida.

Tabla I. Ingestas recomendadas (IR) para la población adolescente.

Las ingestas recomendadas en la adolescencia no se relacionan con la edad cronológica, sino con el ritmo de crecimiento. De hecho, algunos autores sugieren que se expresen en función del peso corporal, la talla o la edad biológica. En la tabla I se describen las ingestas recomendadas para este grupo de edad.

Después del brote de crecimiento, las necesidades nutricionales son diferentes en ambos sexos, debido a la maduración más temprana de las mujeres y a las diferencias en los patrones de actividad y en la composición corporal. Los requerimientos energéticos son mucho más elevados que en etapas precedentes de la vida, dependiendo de la velocidad de crecimiento y de la actividad física, acentuándose las diferencias entre chicos y chicas a lo largo de la adolescencia. El ritmo elevado de crecimiento y el aumento de la masa magra conllevan un aumento importante en las necesidades proteicas. Deberá cuidarse la calidad y cantidad de las proteínas de la dieta y que contribuyan entre un 12 y un 15% a la ingesta energética.

No sólo aumentan las necesidades de energía y proteínas, sino que también aumentan los requerimientos de otros nutrientes implicados en el metabolismo energético y en los procesos de crecimiento. En este sentido, hemos de mencionar especialmente algunas vitaminas hidrosolubles como tiamina, riboflavina y niacina. Además, la construcción de nuevos tejidos supone la formación de ADN y ARN para lo que son necesarias las vitaminas B12, B6 y ácido fólico. Las necesidades de vitaminas A y E aumentan considerablemente en los periodos de crecimiento acelerado para mantener la estructura y función de las nuevas células.

En esta etapa también aumentan las necesidades de minerales. Aumentan los requerimientos de calcio asociados al crecimiento y a la mineralización ósea. En esta etapa los depósitos de calcio en el esqueleto pueden situarse en torno a 140 mg de calcio al día y en los periodos de máxima velocidad de crecimiento pueden alcanzar hasta los 500 mg/día. Además, la actividad física intensa puede aumentar las pérdidas urinarias de calcio. Los adolescentes presentan una demanda mayor de hierro por el aumento en la cantidad de hemoglobina por la expansión del volumen sanguíneo, también aumenta la cantidad de mioglobina por el crecimiento de la masa muscular y enzimas como los citocromos por el proceso de crecimiento. En las mujeres las necesidades son mayores para compensar las pérdidas menstruales. El zinc forma parte de numerosos sistemas enzimáticos implicados en la expresión génica, lo que hace que sea un oligoelemento esencial en el crecimiento y que aumenten las necesidades en esta etapa. Además, también aumentan las necesidades de éste en situaciones de aumento de ingesta de proteínas y fósforo. En definitiva, las especiales características fisiológicas de este periodo de la vida hacen que la adolescencia sea una época de riesgo nutricional.

4. PROBLEMAS NUTRICIONALES EN LA ADOLESCENCIA.

Estudios realizados en nuestro país en los últimos años demuestran que la ingesta energética en los adolescentes es ligeramente inferior a las recomendaciones establecidas. Hay un desequilibrio en el aporte de nutrientes: la energía procedente de los lípidos (36-50%) es muy superior a los valores recomendados, con un patrón igual que en edades previas; la ingesta de proteínas es muy superior a las recomendaciones y hay un aporte insuficiente de hidratos de carbono (36,5-43%). También se ha observado una ingesta baja de calcio, hierro, zinc, magnesio, folatos, vitamina B6 y otras vitaminas. Además, el sobrepeso y la obesidad se han incrementado de forma alarmante, al igual que los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y también hay que tener en cuenta las enfermedades crónicas, las hiperlipidemias y la caries dental.

4.1. Déficit de calcio.

Es fundamental lograr un aporte adecuado para asegurar el crecimiento (20 g de calcio por cm de talla) y para alcanzar el pico de masa ósea, que parece ser que se logra durante la segunda década de la vida. Si no se obtiene una masa ósea adecuada existe un riesgo mayor de fracturas y osteoporosis en la vida adulta. Además, durante la adolescencia hay situaciones que pueden originar déficit de calcio, como son la ingesta excesiva de proteínas, actividad física intensa, enfermedades digestivas, endocrinopatías y fármacos (corticoides) entre otros.

En la actualidad el nuevo criterio de ingestas dietéticas de referencia para calcio, fósforo y magnesio se ha establecido para las edades de 9-18 años (basándose en la retención máxima de calcio) en la cifra de 1.300 mg/día como ingesta adecuada de calcio para ambos sexos (Tabla I), siendo el nivel máximo tolerable es de 2.500 mg/día. No se deben sobrepasar las recomendaciones, ya que puede condicionar hipercalciurias y alterar la absorción intestinal de hierro y zinc.

4.2. Déficit de hierro.

El hierro es necesario para el crecimiento de la masa muscular, esquelética y el volumen sanguíneo; es el déficit más común durante la adolescencia. Tiene un importante papel en la síntesis y metabolización de neurotransmisores y en la función de los sistemas nervioso central y la inmunidad. Los síntomas del déficit pueden ser sutiles e inespecíficos como cansancio, cefalea, mareos, palpitaciones, respiración acortada, disminución del rendimiento y problemas escolares entre otros. Su déficit o exceso conlleva un riesgo mayor de procesos infecciosos.

El crecimiento más intenso de los varones durante el estirón puberal hace que inicialmente estos necesiten más hierro y solamente después de la menarquia los requerimientos de las mujeres son ligeramente más elevados. En los chicos el aumento de la producción de andrógenos estimula la eritropoyetina, produciendo un aumento de los niveles de hemoglobina a medida que aumenta la pubertad, lo que no sucede en las chicas. También deben tenerse en cuenta las variaciones biológicas del crecimiento en cuanto a los requerimientos de hierro; así las necesidades para un chico que crece en el percentil 97 pueden ser del doble que para otro que crece en el percentil 3. El déficit de hierro suele asociarse a ingesta pobre, infecciones, metrorragias y déficit de otros micronutrientes. Los deportistas tienen más riesgo, ya que el ejercicio se asocia con una mayor pérdida sanguínea vía intestinal y renal.

Es difícil estimar los aportes diarios de hierro debido a la amplia variación del coeficiente de absorción de los alimentos bien sea en forma de hierro Hem (carnes) o no Hem (vegetales). Este último constituye el 80-90% de la dieta y tiene menor biodisponibilidad. Las últimas recomendaciones de las ingestas dietéticas de referencia son de 11 mg/día para varones y 15 mg/día para mujeres de 14-18 años (Tabla I).

4.3. Déficit de Zinc.

El zinc forma parte de múltiples metaloenzimas y es indispensable para el aumento de la masa muscular, ósea y para la maduración sexual (por cada kg de masa muscular se necesitan 20 mg de zinc). El déficit puede ser debido a ingesta insuficiente, o secundaria a estados hipercatabólicos por politraumatismos u otras agresiones que son frecuentes en la adolescencia. Déficits leves producen retraso del crecimiento y de la maduración sexual, acné, anorexia, letargia, infecciones recurrentes, cicatrización inadecuada de las heridas y alteraciones del gusto, entre otras. Las últimas recomendaciones aconsejadas son de 11 mg/día en varones y 9 mg/día en mujeres entre 14-18 años (Tabla I).

4.4. Déficit de vitaminas.

Diferentes estudios muestran que entre un 10-40% de los adolescentes no cubren sus necesidades de vitaminas A, B, C y ácido fólico, siendo más acusado en las chicas. Las manifestaciones en general suelen ser subclínicas. Aunque la ingesta de ácido fólico en los niños es superior a las recomendaciones, a partir de los 14 años disminuye y un importante número de adolescentes, sobre todo mujeres (76%) entre 15-18 años, ingiere por debajo de las recomendaciones (Tabla I).

4.5. Obesidad.

La obesidad ha llegado a constituir un problema de salud pública debido al aumento en los últimos años, a su tendencia a la cronicidad y sus graves repercusiones médicas y sociales. En España se han realizado varios estudios a gran escala. El estudio transversal Enkid, realizado en niños y adolescentes entre 2 y 24 años, da como resultado datos de prevalencia de obesidad (IMC > P97) del 13,9% y de sobrepeso (IMC > P85) del 12,4%.

Las causas de este aumento postulan, además de factores genéticos, el papel determinante de los hábitos de vida, que ocasionan un desequilibrio entre el aporte energético y su gasto. La ingesta de dietas hipercalóricas, con poco valor nutricional, y el abandono de otras más saludables como la mediterránea, así como la disminución de la actividad física, parecen ser los factores involucrados.

4.6. Trastornos del comportamiento alimentario.

Los TCA agrupan varias enfermedades de graves repercusiones médicas, inicio habitual en la adolescencia y rasgos comunes característicos: hábitos dietéticos disfuncionales, alteración de la imagen corporal propia, cambios en el peso y consecuencias muy graves, afectándose los diferentes sistemas del organismo. Los TCA son cada vez más frecuentes y comienzan a edades más precoces. Se calcula que alrededor del 1% de las chicas entre 12-20 años padece anorexia y un 3,5% de las mayores de 15 años bulimia. Varios estudios en adolescentes han demostrado que hasta un 50% de las chicas que tienen un peso normal y el 40% de las que tienen un peso bajo no están satisfechas con su imagen corporal y desearían estar más delgadas. Entre las chicas de 13 y 16 años el 7,5% han utilizado el vómito, el 4% laxantes y el 32,5% restricciones dietéticas.

5. ALIMENTACIÓN EN SITUACIONES ESPECIALES.

Algunos adolescentes intentan reafirmar su personalidad e independencia, reaccionando frente a los hábitos alimentarios familiares tradicionales y adoptan prácticas dietéticas no convencionales como el vegetarianismo, la macrobiótica, etc. Este tipo de dietas puede entrañar riesgos desde el punto de vista nutricional en situaciones extremas. Una situación a la que hay que prestar atención son las prácticas deportivas de competición. Necesitarán un ajuste especial en su dieta y en la adaptación de la ingesta alimentaria a las distintas fases del entrenamiento y competición. Debe fomentarse la práctica de actividades deportivas que permitan equilibrar el estilo de vida sedentario predominante.

Las jóvenes adolescentes embarazadas constituyen un grupo de riesgo nutricional elevado, pues a los requerimientos elevados para el crecimiento de la joven adolescente se añaden las necesidades de energía y nutrientes para satisfacer el crecimiento y desarrollo fetal. Hemos de tener en cuenta que a menudo la adolescente embarazada se encuentra en una situación social y familiar difícil. Por otro lado, con frecuencia mantienen prácticas alimentarias inadecuadas, lo que dificulta configurar una dieta adecuada que le permita satisfacer los requerimientos nutricionales. En estas situaciones es de importancia capital proporcionar el soporte nutricional y social necesario y considerar el uso de suplementos de calcio, folatos, B12 y hierro, junto a la prescripción de una dieta suficiente y variada que asegure el buen estado nutricional de la madre y una óptima disponibilidad para el niño.

5.1. Comedores de centros docentes.

En la actualidad, más del 20% de la población escolar de nuestro entorno realiza la comida principal en su centro de enseñanza, y cerca de un 30% de los estudiantes universitarios consumen la comida del mediodía en torno a empresas de restauración social o comercial. En el caso de los estudiantes universitarios, las raciones extramurales se consumen en el comedor universitario, cafeterías, restaurantes o a partir de máquinas expendedoras.

En el campo de la salud pública, los comedores de centros docentes y la restauración colectiva dirigida a estudiantes adquiere una especial importancia por ser utilizada por un grupo de población tipificado como un colectivo vulnerable. En el marco docente donde se ubican estos comedores sociales los aportes alimentarios deben cubrir cuidadosamente las necesidades cuantitativas de energía y nutrientes, permitir desde un punto de vista cualitativo la promoción de la salud y ejercer implícita o explícitamente de taller práctico donde se plasmen diariamente buenos hábitos alimentarios. A esta dimensión nutricional de la restauración colectiva escolar, cabría añadir el impacto cultural, gastronómico, educativo y la experiencia de socialización que induce la participación del individuo en el hecho alimentario institucional.

En nuestro entorno social y cultural, la comida del mediodía es la comida principal del día. El comedor escolar desempeña una función alimentaria en cuanto al suministro de alimentos y a la composición de los menús ofertados; una función nutricional que permite satisfacer las necesidades nutricionales de los alumnos usuarios; una cualidad gastronómica y culinaria y una función educativa, contribuyendo a la construcción de hábitos alimentarios que favorezcan el desarrollo y la promoción de la salud.

La comida principal debe ofertar en torno al 30-35% de las necesidades de energía y nutrientes de la población usuaria. Por su carácter de restauración social y de soporte técnico de promoción de la salud puede utilizarse como vehículo de aportes de seguridad en aquellos nutrientes que pudieran estar en riesgo de ingesta inadecuada en las raciones domésticas y en el aporte global diario. La planificación de los menús ofertados en los centros docentes requiere un especial cuidado para ajustar la densidad de nutrientes en cuanto a los aportes de calcio, hierro, zinc, magnesio, vitamina A y ácido fólico. No es recomendable la sobrecarga de energía o de aporte graso en la comida del mediodía, porque podría inducir somnolencia y pérdida de rendimiento escolar en las tareas de primera hora de la tarde. En algunos centros de primaria o de secundaria podría habilitarse un espacio anexo o complementario a los servicios del comedor escolar a modo de cafetería/ tienda que expendiera bocadillos tradicionales, sandwiches, batidos, refrescos, zumos de frutas y agua (internados, colegios universitarios y centros especiales).

En los últimos años han ido apareciendo progresivamente máquinas expendedoras (vending) en los centros escolares de enseñanza secundaria. Generalmente este tipo de aparatos distribuyen refrescos, aperitivos salados como patatas fritas, chocolatinas y pastelitos o productos de confitería. En la actualidad ya existen en el mercado máquinas que distribuyen zumos, bocadillos, agua, etc. Sería deseable que se aprovechara esta oportunidad para poner al alcance de chicos y chicas productos más interesantes desde el punto de vista nutricional, como zumo de naranja natural, raciones de ensalada, fruta, bocadillos tradicionales de tortilla, queso o vegetales, yogures, batidos, leche, agua, etc. Las máquinas expendedoras de alimentos ubicadas en los recintos escolares y universitarios deberían tener controlados sus contenidos y evitar la ubicación de bebidas y productos alimentarios de escaso interés nutricional.

Necesitamos una normativa clara para la oferta alimentaria suministrada o permitida en los recintos educativos (aportes nutricionales cualitativos y cuantitativos de acuerdo a los criterios científicos internacionales) y mejorar e incentivar los programas de educación alimentaria y nutricional bajo cobertura institucional.

6. MEDIDAS PREVENTIVAS NUTRICIONALES.

Durante la adolescencia es muy importante la educación nutricional y deben aplicarse normas dietéticas y consejos de promoción de la salud antes de la instauración de los hábitos que permanecerán durante la edad adulta. Es necesario aportar una dieta con una proporción adecuada entre los principios inmediatos (30-35% de calorías en forma de grasa, 50-60% carbohidratos, y 10-15% proteínas) y una distribución adecuada de la ingesta energética a lo largo del día. Es importante fomentar un desayuno adecuado (25% de la ingesta energética diaria) para mantener una buena actividad intelectual y física, no hacer un almuerzo copioso para evitar la somnolencia postprandial (30%), recomendar una merienda equilibrada evitando los picoteos y calorías vacías (15-20%) y una cena con el 25-30% de la ingesta energética diaria. Se evitarán ingestas entre horas, sobre todo de alimentos de alto contenido calórico y baja densidad nutricional. Deben predominar los carbohidratos complejos aportados a partir de cereales, tubérculos, legumbres y frutas. Además, esta medida asegura un aporte de fibra adecuado. Se debe moderar el consumo de proteínas procurando que procedan de animales y vegetales, y que el 50% sea de alto valor biológico. Debe alternarse el consumo de carnes poco grasas (vaca, pollo, ternera), pescados (rico en grasa polinsaturada) y huevos. Se desaconseja el consumo de la grasa visible de las carnes (saturada). Se recomienda emplear aceite de oliva como grasa añadida para la preparación y condimentación de los alimentos, especialmente aceite de oliva virgen.

En el desayuno se debe incluir al menos un producto lácteo (la principal fuente de calcio, 125 mg por cada 100 mL de leche o 145 mg por cada yogur natural), un alimento del grupo de los cereales y una ración de fruta, que puede consistir en una pieza de fruta fresca, zumo natural, macedonia, compota de frutas, fruta asada, etc. En las comidas se debe favorecer la presencia de legumbres, pescados y cereales, así como ensaladas y verduras adaptados a sus gustos. Frutas y verduras deben estar presentes diariamente en la dieta; al menos dos raciones de verduras, una de ellas en forma de ensalada fresca, y tres raciones de frutas.

Las hamburguesas, pizzas, etc. son habitualmente alimentos de alta densidad energética y con alto contenido en grasas. Pueden estar presentes en la dieta de manera esporádica, pero no constituir el elemento principal. Las patatas se consumirán mejor cocidas o al horno que fritas. Se recomienda incorporar pan integral y beber agua y zumos naturales en lugar de bebidas refrescantes ricas en azucares, aditivos y fósforo. En los refrigerios y aportes entre horas, los frutos secos, frutas deshidratadas, colines y palomitas de maíz son más saludables que la bollería industrial, los dulces y fritos. Estos alimentos deben restringirse y estar presentes en la alimentación sólo esporádicamente. Se trata de alimentos sin interés nutricional, con alto contenido energético, sobre todo a partir de las grasas y/o azúcares simples, además de presentar un alto contenido en sodio. En la cena es recomendable incluir hidratos de carbono complejos, teniendo en cuenta el periodo prolongado de ayuno durante la noche. Una dieta variada y equilibrada es la forma más adecuada de cubrir las necesidades de vitaminas y minerales. Es importante mantener un peso saludable estableciendo un equilibrio entre el aporte y el gasto energético. Se fomentarán hábitos de vida saludables; se evitará el tabaco, el alcohol y se estimulará la práctica de actividad física.

Figura 1. Pirámide de la alimentación saludable para la población infantil y juvenil española. Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC).

La pirámide de la alimentación saludable (Fig. 1) representa gráficamente la estructura de una dieta saludable en esta etapa de la vida. Los alimentos situados en los niveles más próximos a la base de la figura deberán estar presentes en la dieta diaria, mientras que los alimentos ubicados en el vértice se consumirán esporádicamente. En la tabla II se muestran las cantidades orientativas que constituyen
una ración de cada grupo de alimentos en esta edad. Una dieta variada, de la que formen parte distintos alimentos de cada uno de los grupos de alimentos en las proporciones indicadas en las guías alimentarias representadas en la pirámide de la alimentación saludable, en cantidades adecuadas, permitirá satisfacer los requerimientos nutricionales y al mismo tiempo controlar el aporte de grasas
y azúcares simples.

Tabla II: Tamaño orientativo de las raciones por grupo de alimentos para la población infantil y adolescente.

A continuación se exponen las actividades que el pediatra debe realizar para conseguir que los niños y adolescentes tengan una nutrición adecuada, contribuyendo de este modo a un crecimiento y desarrollo adecuados y a una mejor calidad de vida en la edad adulta:

1. Informar y educar a los niños, adolescentes, padres y educadores. Hay estudios que demuestran que enseñar al adolescente sobre lo que es una dieta equilibrada, ejercicio físico, tabaco y alcohol modifica su comportamiento con efectos beneficiosos a corto y largo plazo. La Unión Europea ha expresado la necesidad de dar directrices a las escuelas para realizar docencia de nutrición a niños y adolescentes.

2. Motivar hacia dietas adecuadas y ayudar a modificar los hábitos alterados. Es necesario explicar a los adolescentes los beneficios a corto plazo de una buena nutrición (mejor desarrollo muscular, actividad deportiva, aspecto físico, etc.) y que comprendan las necesidades nutricionales para lograr un desarrollo físico adecuado. En esta edad los beneficios a largo plazo no les interesan ni les preocupan. También es interesante animarles a descubrir los problemas asociados a las comidas rápidas, pero se recomienda ser flexibles y no intentar suprimirlas, sino adaptarlas a su estilo de vida.

3. Promocionar desde la infancia una imagen corporal adecuada y enseñarle cómo mejorar la autoestima.

4. Fomentar el desarrollo de un pensamiento crítico sobre las normas socioculturales y la publicidad, estimular habilidades para resistir las influencias ambientales adversas sobre la alimentación, realización de dietas y actividad física.

5. Realizar exámenes periódicos de salud con una evaluación nutricional adecuada durante la adolescencia para la detección precoz y el tratamiento de los problemas y déficits subclínicos.

6. Actuar en los medios de comunicación sobre los mensajes que trasmiten y sobre la industria de alimentos y bebidas, comedores escolares y restaurantes para que incluyan ingredientes más sanos en los menús, refrigerios y comidas rápidas.

7. BIBLIOGRAFÍA.

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3. Ballabriga A, Carrascosa A. Obesidad en la infancia y adolescencia. Nutrición en la infancia y la adolescencia. En: Ballabriga A, Carrascosa A, editores. Madrid: Ergon; 2001. p. 375-93.
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12. Society for Adolescence Medicine. Improving the nutritional Health of Adolescents-Position Statement-Society for Adolescent Medicine. J Adolesc Health 1999; 24: 461-2.



Autor/es

I. Hidalgo Vicario.
J. Aranceta Bartrina.



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