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CAFÉ Y PREVENCIÓN DEL CÁNCER

Se supone que el efecto preventivo del café en la aparición del cáncer se debe a la cafeína. Es probable que el efecto beneficioso no ocurra por consumo de café descafeinado.

     

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1. Introducción.
2. Adenosina, cafeína y cáncer.
3. Mecanismos de prevención del cáncer.
4. El café previene el cáncer.
5. Café y cáncer hepático.
6. El estudio Jacc.
7. Estudios prospectivos.
8. Bibliografía.

1. INTRODUCCIÓN.

Las dos principales causas de muerte en sociedades “avanzadas” son el cáncer y las enfermedades cardiovasculares. El cáncer consiste en un crecimiento incontrolado de células que, de no ser atajado a tiempo, conduce a un fallo multiorgánico y a la muerte. El tumor canceroso se caracteriza por unas altas necesidades energéticas, de manera que crece a expensas de otras funciones básicas de nuestro organismo. Si un tumor estuviera localizado la curación se conseguiría tras su eliminación quirúrgica. Ello no es así por la característica que distingue los tumores malignos de los benignos. Las células cancerosas tienen la capacidad de “escaparse” del sitio del tumor primario, progresar a través de los vasos linfáticos, colonizar los ganglios linfáticos y desde allí extenderse y crecer en otros órganos. Ello constituye la aparición de tumores secundarios o metástasis, por la cual el tumor maligno se extiende por todo el organismo y mata. El cáncer constituye por tanto una especie de fracaso de la evolución, puesto que el individuo con cáncer muere sin que haya a cambio ninguna ventaja evidente.


Otra de las características del denominado “cáncer” es que no se trata de una única enfermedad. Hay decenas de cánceres diversos que afectan a prácticamente todos los tejidos. El tipo de “cáncer” no sólo depende del tejido en el que se produce el crecimiento tumoral, sino que también depende del tipo de célula que se convierte en cancerosa. Hay diversos tipos de cáncer de pulmón como el de “células pequeñas”, que representa aproximadamente un 20% de todos los tipos de cáncer. Otros cánceres de pulmón son el carcinoma de células escamosas, el adenocarcinoma o el carcinoma indiferenciado de células grandes. Cada uno de ellos aparece en un lugar diferente del tejido pulmonar y tiene también un pronóstico diferente. El pronóstico en cáncer depende de la agresividad del tumor, que se distingue por dos características principales: la rapidez con que las células se multiplican, es decir la velocidad de crecimiento del tumor, y la facilidad de producir metástasis en otros tejidos. Hay marcadores celulares que permiten a los oncólogos saber el grado de malignidad y el pronóstico de un cáncer en una localización concreta y de un determinado tamaño. El tamaño es muy importante, puesto que cuanto más incipiente sea el tumor más fácil será la curación. Después de la eliminación quirúrgica del tumor principal la curación depende de tratamientos de quimioterapia y/o radioterapia. De acuerdo a la idea de que hay decenas de cánceres, hay decenas de tratamientos para curarlos, es decir, para eliminar todas las células cancerosas del tumor principal, de los ganglios y de las metástasis.

2. ADENOSINA, CAFEÍNA Y CÁNCER.

El dato que liga cáncer al café en general y a la cafeína en particular es muy indirecto. Se trata de la constatación de que el único “órgano” que no suele desarrollar cáncer es el músculo. Una de las características del músculo es que dada su gran actividad gasta mucho ATP, que se convierte en “adenosina”. Mientras que el ATP es un producto altamente conocido y se sabe que es necesario gastar ATP para contraer los músculos, para sintetizar ácidos nucleicos, para ver, para sentir, la adenosina es una gran desconocida. Sin embargo, la principal acción de la cafeína es precisamente la de antagonizar los efectos de la adenosina. La adenosina ejerce numerosas funciones en distintos órganos. En el sistema nervioso central este compuesto es un neuromodulador que tiene, en general, una acción sedante. El motivo por el que hay personas que no pueden dormir cuando toman un café a la hora de la merienda o la cena es que la cafeína inhibe el efecto “sedante” de la adenosina. El efecto de la cafeína se manifiesta de manera diversa dependiendo de la persona y de su habituación (tolerancia) a tomar café. Las personas que se desvelan por tomar cafeína no debieran ingerir café (o bebidas de cola) en las seis horas previas a acostarse.

Dado que la adenosina parece ser la responsable de que el músculo no sufra cánceres y que la cafeína antagoniza los efectos de la adenosina, era fácil suponer que la cafeína tendría un efecto perjudicial en relación a padecer esta enfermedad. Esta hipótesis y estudios, ahora controvertidos, condujeron a pensar que el café era perjudicial para el cáncer. Por suerte para los consumidores de café, estudios recientes y más rigurosos indican que el consumo de café no tiene ningún efecto sobre la aparición del cáncer y que incluso tiene un efecto protector. Esta afirmación no basta para que no se tenga en cuenta el principio de precaución y la dosis, ya que quizás el café y/o la cafeína a dosis altas puedan aumentar el riesgo de un tipo de cáncer particular. Como ejemplo de esta precaución: se sabe que un consumo elevado de café o té durante el embarazo incrementa en el hijo/a el riesgo de padecer en la niñez tumores del sistema nervioso central (Plichard et al., 2008).

Saber si el café protege o no de padecer un tipo de cáncer no es sencillo. Por una parte hay que estar seguro de que el efecto estudiado se debe al café/cafeína y no a las otras miles de substancias que los humanos ingerimos cada día y que varían considerablemente de un humano a otro.

Por otra parte, hay que distinguir claramente el carácter protector del efecto que pueda tener el café sobre un cáncer que ya se ha manifestado. Una substancia puede ser protectora para contraer un cáncer pero ser perjudicial después de que el cáncer se haya producido. El café y/o la cafeína tienen un efecto protector para ciertos cánceres y no se sabe si es perjudicial o beneficioso una vez que el cáncer se ha desarrollado. Puesto que la curación o la muerte se producen en plazos limitados de tiempo es prácticamente imposible saber si algo es “bueno o malo” para el paciente de cáncer. Por eso, salvo casos puntuales concretos, no se recomienda restringir el consumo de substancias atractivas, como café, chocolate, vino, etc., en pacientes de cáncer.

3. MECANISMOS DE PREVENCIÓN DEL CÁNCER.

Se supone que el efecto preventivo del café en la aparición del cáncer se debe a la cafeína. Es probable que el efecto beneficioso no ocurra por consumo de café descafeinado. No obstante, el café, incluso el descafeinado, contiene productos antioxidantes que son beneficiosos para la salud.

Aunque cada cáncer es diferente, una característica común es la mutación del DNA celular que conduce a la producción de una proteína estimuladora del crecimiento celular. El caso más conocido es el de los denominados “oncogenes”, que a pesar de su nombre son genes “buenos” que todos los humanos poseemos. La denominación oncogén deriva del hecho de que mutaciones de estos genes convierten una célula “normal” en “cancerosa”. Hay muchos genes cuyas mutaciones no derivan en cánceres.

Los humanos no nacemos con cáncer sino que lo desarrollamos; es decir, que células normales durante muchos años llegan a convertirse en anormales y ello ocurre por mutación del DNA. El DNA de un oncogén de una célula muta y da lugar a una proteína anómala que es capaz de desencadenar la división celular incontrolada. En ese momento el cáncer comienza su andadura. Aunque hay otros detalles que hay que considerar, se puede simplificar el proceso asumiendo que todo cáncer comienza a partir de una célula que se convierte en cancerosa.

El DNA de nuestras células es sometido a múltiples vicisitudes que conducen a su alteración, es decir a la aparición de mutaciones. Los humanos tenemos potentes mecanismos de corrección/inactivación de las mutaciones. Hay unos más directos como el denominado “corrección de pruebas” en que hay proteínas que se encargan de “leer” el DNA para identificar y reparar mutaciones en el DNA. Otros son más indirectos y dependen del sistema inmune. Parte del cometido del sistema inmune es identificar a células precancerosas/cancerosas para eliminarlas. Estados patológicos que disminuyen la capacidad inmunológica contribuyen a una mayor propensión a padecer cáncer. Este mecanismo también ocurre en le tercera edad, puesto que el sistema inmune ya no funciona tan bien como en la juventud. Los antioxidantes del café seguro que contribuyen a que se produzcan menos mutaciones en el DNA, pero no es probable que la cafeína actúe por este mecanismo. Tampoco es probable que la cafeína sea capaz de controlar las características (fenotipo) de una célula precancerosa/cancerosa. Por tanto, la cafeína debe de actuar potenciando la vigilancia inmunológica de las células cancerosas. En este sentido, se sabe desde hace pocos años que la adenosina es un potente regulador del sistema inmune. Los efectos son diversos y no están totalmente establecidos, sin embargo, es evidente que la cafeína va a antagonizar los efectos de la adenosina a nivel de su papel en los linfocitos.

En resumen, se puede decir que el efecto protector del café debe estar relacionado probablemente con el efecto que la cafeína ejerce sobre el sistema inmune.

El desarrollo de los tumores depende también de la creación de nuevos vasos sanguíneos que aseguren la irrigación del tumor. La inducción de factores de crecimiento vascular como el VEGF (Vascular Endothelial Growth Factor) o la interleukina-8 es clave para la angiogénesis. Resultados relativamente recientes de Merighi et al., (2007) indican que la cafeína inhibe en células de cáncer de colon humano la inducción mediada por adenosina de la expresión de VEGF e interleukina-8.

Los resultados de estos estudios junto con el hecho de que la cafeína es también capaz de inhibir la migración de las células cancerosas (Merighi et al., 2007) hacen que haya prometedoras iniciativas para encontrar fármacos anticancerosos que sean químicamente similares a la cafeína.

4. EL CAFÉ PREVIENE EL CÁNCER.

Los estudios para saber si un alimento o una bebida previenen o no de padecer un tipo de cáncer son difíciles y controvertidos. Ello explica que las consideraciones sobre los beneficios del café hayan variado con el tiempo. Un buen ejemplo de ello es la relación entre consumo de café y cáncer de mama. En un reciente metaanálisis, Tang et al., (2009) seleccionaron nueve estudios caso-control y nueve estudios prospectivos (de cohortes) y los resultados muestran un beneficio modesto del consumo de café sobre el riesgo de padecer cáncer de mama en mujeres europeas y de América del Norte, pero no en mujeres asiáticas. En el último artículo aparecido en la literatura en este sentido se concluye que no hay relación ni positiva ni negativa entre café y cáncer de mama en una cohorte de 27.323 mujeres holandesas seguidas durante 10 años y de las cuales 681 desarrollaron cáncer (Bhoo et al., 2009).

En general, en la actualidad se acepta que consumir café no aumenta el riesgo general de padecer cáncer y que en cambio sí podría disminuir el riesgo de padecer cáncer oral, de faringe, de esófago, de hígado y de colon (Baron et al., 1994; Woolcott et al., 2002; Tavani et al., 2003; Tavani and La Vecchia, 2004; La Vecchia, 2005).

5. CAFÉ Y CÁNCER HEPÁTICO.

Un metaanálisis similar al citado anteriormente pero en relación a cáncer hepático sí que demostró claramente una menor incidencia entre consumidores de café. El estudio incluyó 5 caso-control y cuatro estudios prospectivos con un total de 2.260 enfermos y 239.146 controles. El resultado muestra una relación inversa entre el consumo de café y el riesgo de cáncer de hígado (Larsson y Wolk, 2007). El riesgo se reduce un 43% (RR, 0,57) para consumidores de 2 tazas de café al día.

El hígado puede exhibir tumores primarios o secundarios. Los tumores secundarios son las metástasis hepáticas de tumores de otros órganos como el cáncer de colon. Entre los primarios el más frecuente es el hepatocarcinoma (también conocido como Carcinoma Hepatocelular/HC), de una gran agresividad y que se asocia frecuentemente a hepatopatía crónica y cirrosis.

En Japón el 90% de los cánceres hepáticos son de personas con infección crónica por el virus de la hepatitis C (VHC). En Italia el HC constituye el 3,4% de todos los nuevos casos en hombres y del 1,9% en mujeres. La variabilidad en la incidencia de nuevos casos de HC está en clara relación con la prevalencia de infección por el VHC (80%) y, en menor grado, con el virus de la Hepatitis B (10%). Otros factores determinantes en el desarrollo de cirrosis y eventualmente del HC son el consumo de alcohol, tabaco y/o substancias hepatotóxicas como las aflatoxinas, presentes en algunos alimentos.

El HC suele ser agresivo y las medidas terapéuticas, con excepciones, tienen una eficacia limitada. Las principales medidas de prevención de este tumor son las del control de la infección vírica, si es que ésta es la causa. En esta línea, se recomienda un tratamiento específico contra el virus de la hepatitis C y el seguimiento periódico de los pacientes mediante ecografía hepática y analítica. Las medidas dietéticas, como la ingesta de café, podrían pasar a un segundo plano ante un tratamiento antivírico. No obstante, la información existente, procedente mayoritariamente de Italia y de un país como Japón, que presenta una alta incidencia de la enfermedad, indica que la nutrición puede ser un factor importante para la prevención de la enfermedad. Las principales evidencias sobre la relación entre el consumo de café y el HC han sido recientemente revisadas por investigadores italianos (Bravi, 2009). Los mecanismos responsables de los efectos beneficiosos del café no son bien conocidos, si bien se postula que la cafeína y los antioxidantes, como el ácido clorogénico y kahweol, pueden tener efectos anticancerígenos.

Como ejemplo de la correlación negativa entre consumo de café y cáncer hepático se presentan a continuación los detalles de varios estudios realizados con pacientes de hepatocarcinoma.

6. EL ESTUDIO JACC.

Publicado en el año 2005, el JACC (Japan Collaborative Cohort Study for Evaluation of Cancer Risk) constituye una de los más importantes estudios epidemiológicos sobre el cáncer. En relación al café, se incluyó una cohorte de más de 110.000 sujetos (46.399 varones y 64.289 mujeres) con edades comprendidas entre los 40 y los 79 años que se agruparon en tres categorías en función de la ingesta de café: una o más tazas por día, menos de una y no bebedores de café.

El estudio tenía como objetivo analizar la relación entre la ingesta de café y la mortalidad por hepatocarcinoma. Mediante un modelo estadístico complejo se calculó el riesgo de muerte por HC (hazard ratio/HR) en función de cada una de las tres categorías de consumo mencionadas y ajustado por la edad, el género, el nivel educativo, la historia de diabetes o enfermedad hepática y el consumo de tabaco y alcohol. El HR en los bebedores de una o más tazas de café al día, en comparación con los no bebedores, fue de 0,50, es decir, que el riesgo de muerte por HC era un 50% menor en los consumidores de café. También se ha observado esta tendencia en pacientes con infección crónica por el virus de la hepatitis C.

Estos datos corroboran estudios realizados en diferentes hospitales. Un buen ejemplo es el estudio italiano de Gellatti et al., (2005), en el que se observó una relación inversa entre el consumo de café y el HC de manera independiente de la enfermedad hepática subyacente, fuera ésta por consumo excesivo de alcohol o por la presencia del virus de la hepatitis B o C.

Observaciones posteriores han corroborado estos resultados además de comprobar que ni el café descafeinado ni el té tienen estas propiedades. Otros grupos de investigadores japoneses también han comprobado como el consumo de café, a partir de una taza al día, se asocia hasta con un 75% menos de riesgo de HC y que, además, los beneficios son más evidentes cuando coexiste una infección crónica provocada, por ejemplo, por el VHC o el consumo del alcohol.

7. ESTUDIOS PROSPECTIVOS.

Aunque los estudios de casos y controles mencionados hasta ahora sugieren que el consumo de café se asocia con un menor riesgo de HC, el siguiente paso en la gradación de la evidencia lo constituyen los estudios prospectivos de cohortes. Por fortuna, a nivel poblacional la incidencia del hepatocarcinoma es relativamente baja, lo que condiciona que los estudios prospectivos deban tener un número elevado de individuos seguidos durante largos períodos de tiempo.

En el año 2005 se publicó un análisis conjunto de dos estudios prospectivos de cohortes realizados en población japonesa (Shimazu T et al., 2005).

Mediante un cuestionario se obtuvo información sobre el consumo de café y otros hábitos de un total de 22.404 sujetos (10.588 hombres y 11.816 mujeres) en una cohorte denominada “Cohorte 1” y 38.703 sujetos (18.869 hombres y 19.834 mujeres) en la “Cohorte 2”. Todos los sujetos eran mayores de 40 años y no tenían historia previa de cáncer. En la Cohorte 1, tras un seguimiento medio de 9 años, se identificaron 70 casos de hepatocarcinoma y en la Cohorte 2 hubo 47 casos. Mediante los oportunos análisis estadísticos se observó que el riesgo conjunto de las dos poblaciones o cohortes en los sujetos que no bebían café, los que bebían de manera ocasional y los consumidores de una o más tazas de café al día fue de 1,00 (riesgo de referencia), 0,71 (reducción del riesgo del 29%) y 0,58 (reducción del 42%) respectivamente, lo que es claramente indicativo. Además, en el subgrupo de sujetos con historia previa de enfermedad hepática se detectó una asociación inversa y significativa entre el consumo de café y el riesgo de HC. Por lo tanto, las evidencias presentadas tienen consistencia suficiente para considerar que el consumo moderado de café tiene efectos beneficiosos de prevención de una de las formas de cáncer más devastadoras como es el hepatocarcinoma.

8. BIBLIOGRAFÍA.

- Baron JA, Gerhardsson de Verdier M, Ekbom A. Coffee, tea, tobacco, and cancer of the large bowel. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev 1994; 3:565-70.
- Bhoo Pathy N, Peeters P, van Gils C, Beulens JW, van der Graaf Y, Bueno-de-Mesquita B, et al. Coffee and tea intake and risk of breast cancer. Breast Cancer Res Treat 2009; Oct 22. (publicación online previa a su impression)
- Bravi F, Bosetti C, Tavani A, La Vecchia C. Coffee drinking and hepatocellular carcinoma: an update. Hepatology 2009; 50:1317-8.
- Kurozawa Y, Ogimoto I, Shibata A, Nose T, Yoshimura T, Suzuki H, et al; JACC Study Group. Coffee and risk of death from hepatocellular carcinoma in a large cohort study in Japan. Br J Cancer 2005; 93:607-10
- Gelatti U, Covolo L, Franceschini M, Pirali F, Tagger A, Ribero ML, et al. Brescia HCC Study Group. Coffee consumption reduces the risk of hepatocellular carcinoma independently of its aetiology: a case-control study. J Hepatol 2005; 42:528-34
- La Vecchia C. Coffee, liver enzymes,cirrhosis and liver cancer. J Hepatol 2005; 42:444-6.
- Larsson SC, Wolk A. Coffee consumption and risk of liver cancer: a meta-analysis. Gastroenterology 2007; 132:1740-5.
- Merighi S, Benini A, Mirandola P, Gessi S, Varani K, Simioni C, et al. Caffeine inhibits adenosineinduced accumulation of hypoxia-inducible factor-1alpha, vascular endothelial growth factor, and interleukin-8 expression in hypoxic human colon cancer cells. Mol Pharmacol 2007; 72:395-406.
- Montella M, Polesel J, La Vecchia C, Dal Maso L, Crispo A, Crovatto M, et al. Coffee and tea consumption and risk of hepatocellular carcinoma in Italy. Int J Cancer 2007; 120:1555-9.
- Ohfuji S, Fukushima W, Tanaka T, Habu D, Tamori A, Sakaguchi H et al . Coffee consumption and reduced risk of hepatocellular carcinoma among patients with chronic type C liver disease: A case-control study. Hepatol Res 2006; 36:201-8
- Ohishi W, Fujiwara S, Cologne JB, Suzuki G, Akahoshi M, Nishi N, et al. Risk factors for hepatocellular carcinoma in a Japanese population: a nested case-control study. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev 2008; 17:846-54
- Plichart M, Menegaux F, Lacour B, Hartmann O, Frappaz D, Doz F, et al. Parental smoking, maternal alcohol, coffee and tea consumption during pregnancy and childhood malignant central nervous system tumours: the ESCALE study (SFCE). Eur J Cancer Prev 2008; 17:376-83.
- Shimazu T, Tsubono Y, Kuriyama S, Ohmori K, Koizumi Y, Nishino Y, et al. Coffee consumption and the risk of primary liver cancer: pooled analysis of two Prospective studies in Japan. Int J Cancer 2005; 116:150-4.
- Tanaka K, Hara M, Sakamoto T, Higaki Y, Mizuta T, Eguchi Y, et al. Inverse association between coffee drinking and the risk of hepatocellular carcinoma: a case-control study in Japan. Cancer Sci 2007 ;98:214-8.
- Tang N, Zhou B, Wang B, Yu R. Coffee consumption and risk of breast cancer: a metaanalysis. Am J Obstet Gynecol 2009; 200:290.e1-9.
- Tavani A, Bertuzzi M, Talamini R, Gallus S, Parpinel M, Franceschi S, et al. Coffee and tea intake and risk of oral, pharyngeal and esophageal cancer. Oral Oncol 2003; 39:695-700.
- Tavani A, La Vecchia C. Coffee, decaffeinated coffee, tea and cancer of the colon and rectum: a review of epidemiological studies,1990-2003. Cancer Causes Control 2004; 15:743-57.
- Woolcott CG, King WD, Marrett LD. Coffee and tea consumption and cancers of the bladder, colon and rectum. Eur J Cancer Prev 2002;11:137-45.

Autores:
Mariano de la Figuera.
Rafael Franco.

Fuente: EDIMSA

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