
Alexander Grobman Tversqui, comentarista en Gestión señala que la solución al alza de precios de alimentos pasa por incrementar la producción en base a mayores rendimientos por hectárea, y es inconcebible que se pretenda mantener a los agricultores peruanos, especialmente a los de menores recursos, en una permanente situación de semiindigencia, argumentando que la tecnología agrícola moderna no se aplica a ellos.
La biotecnología moderna se ha establecido ya en 26 países y cada año se agregan más hectáreas a las 114 millones sembradas por 12.2 millones de agricultores (90% de escasos recursos) en todo el mundo. El Perú no debe quedar al margen del uso de esta potente herramienta para incrementar su productividad y competitividad exportadora.
Aduciendo supuestos efectos perniciosos -no demostrados- sobre la biodiversidad local, se ha impedido el empleo de esta ''tecnología del siglo XXI''. No se han hecho las mismas atingencias contra el uso de dos décadas de aplicaciones médicas de ingeniería genética como vacunas y medicamentos.
Los cultivos transgénicos no tienen porqué ser adversos al mantenimiento de la biodiversidad, y si algún efecto pudieran tener, sería positivo, pues mejorarían la resistencia de variedades locales a la sequía, heladas, enfermedades y plagas.
Hay que dar paso a un necesario Reglamento de Bioseguridad para que esta nueva tecnología esté al alcance de los agricultores peruanos. Existen capacidades técnicas en el Perú para crear variedades mejoradas de nuestros cultivos usando dicha herramienta sin que haya supuestos daños a la biodiversidad y a la salud humana.
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