
¿Amenaza u oportunidad? No se debe ''demonizar'' a Asia por el precio de los alimentos, según el Banco Mundial. La respuesta está en la productividad.
Con una frase inspirada en el famoso ''tengo un sueño'' de Luther King, el primer ministro chino, Wen Jiabao, anunció el pasado verano su deseo de ''ofrecerle a cada chino, y especialmente a los niños, suficiente leche cada día''. Concretamente, medio litro diario, una cantidad considerable para un país que nunca ha incluido en su dieta cantidades significativas de leche.
El consumo de leche en China aumentó de 26 kilocalorías por persona en 2002 a 43 en 2005, de acuerdo con la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO), y la planificada estrategia de Pekín a favor de los lácteos provocará un aumento mucho mayor de la demanda, que amenaza con forzar el incremento de precios en todo el mundo.
Si hasta las modas pasajeras en la nación más poblada del planeta provocan cambios sísmicos en otras partes del mundo, este ''amor'' por los productos lácteos, unido a la sed de petróleo del dragón rojo y al nuevo ''apetito'' por la carne, constituye una revolución para los mercados de materias primas y alimentos.
En los últimos 20 años, China aumentó su consumo de carne de 20 kilogramos por persona a 50 kilogramos, según la FAO. Esta mayor preferencia por el consumo de carne también se ha traducido en un aumento en la demanda de granos de origen importado para alimentar a las reses, que han encarecido los piensos un 30% en los últimos meses.
Aunque ahora el gigante asiático prácticamente se autoabastece de alimentos, la disponibilidad de agua y tierras fértiles es una limitación para el crecimiento futuro, por lo que la enorme demanda china repercutirá en los precios globales, tal como ocurre en la actualidad en el caso del petróleo.
De acuerdo con las cifras de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), las importaciones conjuntas de oro negro de China e India pasarán de los 5,4 millones de barriles al día de 2006 a 19,1 millones de barriles al día en 2030. Con el barril de crudo por encima de los 135 dólares, los pronósticos resultan inquietantes.
''Vamos a ver más presión'' en la demanda de alimentos o energía por parte de los países emergentes, señaló Mark Cackler, director de Agricultura del Banco Mundial, a LA GACETA, aunque estos nuevos hábitos de consumo no justifican que se ''demonice a China o India'' por el aumento de precios. ''La respuesta'', a largo plazo, pasa por ''estimular la productividad, especialmente en países pobres'', según Cackler, mientras que, ''a corto plazo, hay que hacer más por proteger a los más vulnerables''.
Aunque no todo son amenazas. El incremento de ingresos y el cambio de dieta también crea importantes oportunidades comerciales. Uno de los bienes más vendidos en China es un producto de lujo occidental, el perfume, mientras que las importaciones de vinos extranjeros crecen un 35% anual y el uso del acero, un indicador clave del desarrollo industrial, se ha elevado notablemente. No obstante, antes de frotarse las manos con el potencial del gigante asiático para hacer negocios, también hay que tener en cuenta cuestiones como el impreciso sistema regulador y la complejidad de su burocracia.
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